Los reyes del reciclaje

"El pasado es un prólogo". William Shakespeare.

5.05.2010

Regresar

A menudo me preguntan cuándo voy a volver a España. Mi familia sobre todo, pero también los buenos amigos que he conocido en Venezuela. Más a menudo me dan ganas de ir a la agencia de viajes y hacer caso de una maldita vez a los cantos de sirena de mi madre cada vez que hablamos por teléfono. Muy a menudo lo pienso, agarro el pasaporte, busco la dirección, de la agencia, las llaves del apartamento y me quedo en la puerta de mi cuarto pensando qué coño estoy haciendo.

Ya ni recuerdo el tiempo que hace que estoy en este país, y apenas, el de la última vez que fui a una rueda de prensa. Al menos me queda esto para volcar las impresiones de un periodista freelance (por no decir desempleado) en esta maravilla de país.

¿Un poco pesimista? Sin duda, pero esas pocas fuerzas que quedaban para regresar a la "madre patria" se ven poco a poco reducidas a escombros por la situación en la lejana España: una tasa de paro desbocada, una liga de fútbol decepcionante y una crisis económica que vuelve a desperezarse.

Poco tiempo queda ya para que mi visa de turista vuelva a caducarse tras renovarla hace meses por segunda vez y las presiones desde la península se hacen casi insostenibles. Esperan una respuesta pero son lo suficientemente inteligentes y más para saber que no voy a volver.

Yo aquí me quedo, esperando la visita de mi hermana y anhelando la de mis padres, buscando temas para colocar en la prensa española. En la divertida e interesante Caracas, la "Sultana del Ávila". Me pierdo por sus calles sin pavimentar, por sus barrios, me monto en el Caprice Classic de mi amigo Lucas. Salgo a buscar algo intersante que contar. La esencia del periodismo.

5.04.2010

Incomprendido

La visita en el tiempo.
Arturo Uslar Pietri.
Ed. CEC

¿Qué hace que un rey lo sea?, ¿cuál es la diferencia con el resto de mortales?, ¿por qué dios lo eligió a él y no a mí?, ¿por qué me ata este juramento por el cual tengo que hacer cosas que sé que no son las correctas en su nombre?, ¿por qué me teme y no me deja regresar a casa? Éstas y algunas más son las preguntas que se hace Don Juan de Austria, hijo bastardo del Emperador Carlos I de España en relación con su hermanastro, el oscuro y todopoderoso Felipe II.

A través de su vida, Arturo Uslar Pietri, desgrana las peripecias de uno de los personajes más famosos de la España de la época, salpicándola de sus relaciones con los más poderosos de aquel tiempo, entre los que se encuentran El Gran Duque de Alba, la Princesa de Éboli o el poder papal.

Desde el desconocimiento de su identidad real por parte del protagonista, pasando por la lucha contra el levantamiento morisco en el sur de España y su famosa victoria en la legendaria batalla de Lepanto y su relación con su madre.

Sin embargo, la parte más interesante, sin duda, es el relato de las intrigas en torno al personaje: el miedo de Felipe II a su fama tras la victoria marítima, el posible enlace real con Maria Estuardo en Inglaterra o las promesas incumplidas en torno a otorgarle un trono. A Don Juan, solo le ponen la zancadilla.


Mujeriego, intrépido, vencedor de "la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros" según Cervantes, el famoso "manco de Lepanto", incomprendido. Su destino final fue Flandes y los herejes, la obsesión española.

Una novela de la que el lector "queda con hambre, y ello no ocurre porque las viandas literarias no hayan sido las mejores, sino porque han sido estupendas y no queda satisfecho el apetito y quiere más, muchos más", como señala Rafael Arráiz en su introducción. Una libro indispensable si le gustan las novelas de caballería. Un personaje irrepetible. Pasen y lean.

4.02.2010

El pulmón cultural

No son las inexistentes bibliotecas públicas, ni los inaccesibles espectáculos en los teatros. Tampoco los "solos musicales" del presidente Chávez en cualquier momento de cualquiera de sus apariciones en televisión o radio. Ni las presentaciones en el Centro de estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. ¿Los museos? Ni hablar. El verdadero centro de la cultura en Caracas se encuentra bajo un puente: cientos de puestos con una infinidad de libros.

Situado en el centro - este de la megaurbe venezolana, el puente de las Fuerzas Armadas protege los puestos de libreros con más de 20 años ofreciendo cultura, al abrigo de la construcción de cemento.

Apiñados entre columna y columna se extienden las tiendas donde se pueden encontrar desde la última novedad editorial, hasta un libro para completar una vieja colección, pasando por cualquier tomo especializado en derecho, ingeniería o autoayuda.

Pero no solo de libros respira el pulmón. En uno de sus espacios se juntan los mayores del lugar para disputar partidas de ajedrez en cualquiera de sus formatos y, en un de las esquinas del puente, se puede intentar encontrar un disco de vinilo deseado entre las cientos de cajas que se apilan y sobrepasan la paciencia de cualquier megalómano.

Al aire hay que sumarle además el olor de las frutas y verduras que ofrecen los vendedores utilizando diversas artimañas para destacarse entre la mucha competencia.

Aún hay más olores que se mezclan: el de los mendigos que acompañan, el del humo del intenso tráfico que rodea toda las instalaciones y el clásico a orines de todo lugar un poco privado. Años llevan los libreros quejándose de la situación así como de los múltiples robos sufridos al estar en una zona de la ciudad "no muy recomendable" a partir de determinada hora.

Parece mentira que el presidente, tan leído y proclive a regalar libros, no se haya enterado aún de que el pulmon de la capital se ahoga.

3.23.2010

Desaparecido

No está. Hoy desperté y abrí la ventana como un día más pero ya no nos acompañaba. El Ávila, la montaña que resguarda a Caracas, que la defiende de los cálidos vientos del mar Caribe se había marchado, como el populoso barrio de Petare y el obelisco de la plaza Altamira. Nada se veía desde mi atalaya del piso 11.

El monte arde, y una espesa neblina invade la ciudad. Son ya tres días de fuegos incesantes en diversos puntos del gigante rocoso. Los helicópteros van y vienen, las luces de los bomberos se vislumbran por la autopista de la cota mil pero el viento no descansa, inclemente.

Y la ciudad se ahoga, el país está seco. Los cortes de agua se dividen por zonas y por días desde hace meses y las lluvías no llegan. Esa bendición que reviviría el monte, sus laderas, a sus inquilinos.

Tres días después, el viento castiga a Caracas y lanza sobre la gran urbe los despojos de su ataque: pequeños trozos de hojas quemadas entran por las ventanas de mi casa, el olor del castigo infligido se esparce por todos lados, la visibilidad, difícil.

Sólo cabe esperar que Eolo se apiade de todos. Caracas necesita su norte.

3.18.2010

La frontera

De papeles sueltos.

Tras tres meses en busca de un trabajo o de un entretenimiento para cambiar mi rutinaria vida de guía turístico de amigos y familiares, lectura, escritura y ron, tuve que pensar en abandonar el país para poner en orden mi estatus jurídico, es decir, o salía para que me sellasen el pasaporte o quedaba en situación de inmigrante ilegal.

Después de estudiar las distintas posibilidades en avión, autobús y carro la opción más "cercana" y barata era Colombia en su frontera con el estado venezolano del Táchira, en el suroeste del país: avión ida y vuelta. Fácil, rapido y poco costoso.

El estado Táchira es famoso por ser antichavista, relativamente rico por su cercanía al estado Zulia donde abunda el gas y el petróleo y por los problemas que hace unos meses tuvo por la muerte de dos guardas nacionales que elevó, aún más, la disputa entre los presidentes de ambos países.

La llegada a Santo Domingo del Táchira a 150 kilómetros de la frontera, normal, el viaje hasta la frontera, revelador. Montado en el taxi del señor Morales, silencioso pero ilustrador, pude disfrutar de la geografía escarpada de la zona y de la masiva presencia militar derivada de los cuatro cuarteles militares que divisamos durante el recorrido.

"¿Es debido al asesinato de los policías hace unos meses?" le pregunto. "Eso ya pasó, es más que nada para controlar el contrabando y el narcotráfico", me contesta. "Por acá se pasa mucho", agrega. Todos los camiones y los carros sospechosos son detenidos en las alcabalas que salpican el trayecto.

Al llegar al pueblo fonterizo de San Antonio, la gente inunda las calles y los autos hacen cola en la frontera para pasar al lado colombiano. En la otra dirección, lo mismo. Nada de tensión o peligro. La diferencia entre las dos ciudades es ilustrativa: San Antonio es un pueblo de casas bajas, carreteras rotas y apenas hay comercios más allá de los autobuses que salen a todos los puntos del país, supermercados y ropa; Cúcuta, del lado colombiano es lo contrario, autopista hasta el pueblo nada más cruzar la frontera, centros comerciales, pequeños comercios de todo tipo, bloques de viviendas, taxis con taxímetros, civilización.

Aún así, la gran parte de la gente del lado colombiano pasa diariamente a trabajar y, sobre todo, comprar en el lado venezolano. La diferencia de poder entre las monedas de ambos países provoca este flujo migratorio. De Colombia a Venezuela la gente se traslada para comprar útiles de primera necesidad y, más que nada, gasolina.

En el otro sentido la gente va en busca de, por lo visto, los recambios para los carros y motos, tan preciados en Venezuela. La entrada en Cúcuta está regada de talleres de motocicletas y puestos de recambio para los mototaxistas, una profesión que no existe en Colombia.

Es curioso ver como el presidente Hugo Chávez y su homólogo Álvaro Uribe estuvieron a punto de todo hace unos meses y, en cambio, la zona fronteriza es de libre circualación si se va a pasar sólo un día en cualquiera de los lados y el pago con las dos monedas es aceptado sin problemas en las dos partes.

Tras sellar mi salida en Venezuela, pasar el puente que separa ambas naciones, recibir el sello de entrada en Colombia, pasar el día obligatorio según el Departamento Administrativo de Seguridad (D.A.S.) en la zona colombiana y pasar por el mismo trámite pero a la inversa el día siguiente, regreso a Caracas con la sensación de la utilización partidista de los líderes políticos en el caso de los asesinatos que llevó a cerrar la frontera y a la anulación de múltiples contratos.

"Aquello pasó por el exceso de celo de los militares en impedir el contrabando de gasolina, de lo que vive mucha gente", susurra Morales. Chávez culpó a un grupo de paramilitares colombianos.

"El asesinato de estos guardias tuvo como finalidad amedrentar a nuestra Guardia Nacional Bolivariana que día a día cumple su función combatiendo el delito, controlando la frontera, combatiendo el narcotráfico", declaró en su momento el ya ex-vicepresidente y ex-ministro de Defensa Ramón Carrizalez.

De vuelta al aeropuerto, las colas en las gasolineras obstruyen la vía, "a veces es complicado encontrar combustible por aquí, así que cuando lo haces, hay que aprovecharlo", me comenta Morales. Revelador.