Los reyes del reciclaje

"El pasado es un prólogo". William Shakespeare.
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6.29.2010

Verduras bolivarianas

La diversidad de alimentos que produce la tierra a este lado del globo es apabullante. Cada vez que me acerco al supermercado a hacer la compra semanal, los escaparates me deslumbran con una nueva fruta, una nueva verdura o con el aprendizaje de una manera distinta de denominar al melocotón (duranzno) o a la sandía (patilla). Sin embargo, en los últimos días la causante del aumento de mi conocimiento en este ámbito ha sido la “lechuga verde”. Sí, lo han leído bien, uno de los componentes básicos de las ensaladas de toda la vida.

De todos es sabido los diferentes tipos de lechuga que existen y como cuanto su precio en función. Nada de esto es nuevo para nadie. Es la “lechuga verde” y su reciente posibilidad de compra por Internet aquí en Venezuela lo que ha llamado interés.


Y es que poco después de que el presidente Hugo Chávez prohibiese y cerrase diversas casas de cambio que facilitaban la compra y la venta de dólares y euros, así como las páginas web y blogs que informaban de su precio “paralelo”, el portal lechugaverde.com facilita diariamente el valor de la planta en una tasación muy similar a la que tenían las divisas antes de los cierres.


“Mucha gente piensa que este es el precio del dólar paralelo o permuta o del bono Venezuela. Nada más alejado de la realidad. Este es el precio diario de la lechuga verde en Caracas, Venezuela”. Este es el mensaje que saluda al navegante cuando entra en el sitio web. En este país está prohibido la divulgación del denominado “dólar permuta”.


Para evitar que su valor alcance niveles desorbitados, a parte de los cierres, el presidente venezolano creó un “dólar permuta oficial” que cambia también diariamente en función de unas variables económicas. La diferencia es que ahora el encargado de facilitar esos dólares es el Banco Central de Venezuela.


Esa obligación no ha conseguido atajar el problema del mercado negro, que sigue funcionando y facilitando una mayor cantidad de dólares o euros, a un precio mayor al oficial permuta, a quien los necesite. Las casas de cambio ya no realizan estas operaciones pero la gente, de forma privada sí, a pesar de que está penado con la cárcel.


¿Es el precio de la “lechuga verde” el oficial en el mercado negro? Nadie puede demostrar que sí, pero también se sabe que sí. ¿Cómo puedes evitar este tipo de trampas? Complicado, aunque el gobierno venezolano es especialista en solucionar problemas insolubles.


Yo, lo único que sé es que la última vez que me acerqué al súper y compré una lechuga normal y corriente me costó cerca de 20 bolívares y que esta página ofrece hoy la lechuga verde por 8,84. Uno ya no sabe si el gremio de agricultores está intentando reventar el mercado o si las grandes superficies están inflando de más los precios. Aún así me sigue encantando la ensalada de lechuga. Buen provecho.

4.02.2010

El pulmón cultural

No son las inexistentes bibliotecas públicas, ni los inaccesibles espectáculos en los teatros. Tampoco los "solos musicales" del presidente Chávez en cualquier momento de cualquiera de sus apariciones en televisión o radio. Ni las presentaciones en el Centro de estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. ¿Los museos? Ni hablar. El verdadero centro de la cultura en Caracas se encuentra bajo un puente: cientos de puestos con una infinidad de libros.

Situado en el centro - este de la megaurbe venezolana, el puente de las Fuerzas Armadas protege los puestos de libreros con más de 20 años ofreciendo cultura, al abrigo de la construcción de cemento.

Apiñados entre columna y columna se extienden las tiendas donde se pueden encontrar desde la última novedad editorial, hasta un libro para completar una vieja colección, pasando por cualquier tomo especializado en derecho, ingeniería o autoayuda.

Pero no solo de libros respira el pulmón. En uno de sus espacios se juntan los mayores del lugar para disputar partidas de ajedrez en cualquiera de sus formatos y, en un de las esquinas del puente, se puede intentar encontrar un disco de vinilo deseado entre las cientos de cajas que se apilan y sobrepasan la paciencia de cualquier megalómano.

Al aire hay que sumarle además el olor de las frutas y verduras que ofrecen los vendedores utilizando diversas artimañas para destacarse entre la mucha competencia.

Aún hay más olores que se mezclan: el de los mendigos que acompañan, el del humo del intenso tráfico que rodea toda las instalaciones y el clásico a orines de todo lugar un poco privado. Años llevan los libreros quejándose de la situación así como de los múltiples robos sufridos al estar en una zona de la ciudad "no muy recomendable" a partir de determinada hora.

Parece mentira que el presidente, tan leído y proclive a regalar libros, no se haya enterado aún de que el pulmon de la capital se ahoga.

3.18.2010

La frontera

De papeles sueltos.

Tras tres meses en busca de un trabajo o de un entretenimiento para cambiar mi rutinaria vida de guía turístico de amigos y familiares, lectura, escritura y ron, tuve que pensar en abandonar el país para poner en orden mi estatus jurídico, es decir, o salía para que me sellasen el pasaporte o quedaba en situación de inmigrante ilegal.

Después de estudiar las distintas posibilidades en avión, autobús y carro la opción más "cercana" y barata era Colombia en su frontera con el estado venezolano del Táchira, en el suroeste del país: avión ida y vuelta. Fácil, rapido y poco costoso.

El estado Táchira es famoso por ser antichavista, relativamente rico por su cercanía al estado Zulia donde abunda el gas y el petróleo y por los problemas que hace unos meses tuvo por la muerte de dos guardas nacionales que elevó, aún más, la disputa entre los presidentes de ambos países.

La llegada a Santo Domingo del Táchira a 150 kilómetros de la frontera, normal, el viaje hasta la frontera, revelador. Montado en el taxi del señor Morales, silencioso pero ilustrador, pude disfrutar de la geografía escarpada de la zona y de la masiva presencia militar derivada de los cuatro cuarteles militares que divisamos durante el recorrido.

"¿Es debido al asesinato de los policías hace unos meses?" le pregunto. "Eso ya pasó, es más que nada para controlar el contrabando y el narcotráfico", me contesta. "Por acá se pasa mucho", agrega. Todos los camiones y los carros sospechosos son detenidos en las alcabalas que salpican el trayecto.

Al llegar al pueblo fonterizo de San Antonio, la gente inunda las calles y los autos hacen cola en la frontera para pasar al lado colombiano. En la otra dirección, lo mismo. Nada de tensión o peligro. La diferencia entre las dos ciudades es ilustrativa: San Antonio es un pueblo de casas bajas, carreteras rotas y apenas hay comercios más allá de los autobuses que salen a todos los puntos del país, supermercados y ropa; Cúcuta, del lado colombiano es lo contrario, autopista hasta el pueblo nada más cruzar la frontera, centros comerciales, pequeños comercios de todo tipo, bloques de viviendas, taxis con taxímetros, civilización.

Aún así, la gran parte de la gente del lado colombiano pasa diariamente a trabajar y, sobre todo, comprar en el lado venezolano. La diferencia de poder entre las monedas de ambos países provoca este flujo migratorio. De Colombia a Venezuela la gente se traslada para comprar útiles de primera necesidad y, más que nada, gasolina.

En el otro sentido la gente va en busca de, por lo visto, los recambios para los carros y motos, tan preciados en Venezuela. La entrada en Cúcuta está regada de talleres de motocicletas y puestos de recambio para los mototaxistas, una profesión que no existe en Colombia.

Es curioso ver como el presidente Hugo Chávez y su homólogo Álvaro Uribe estuvieron a punto de todo hace unos meses y, en cambio, la zona fronteriza es de libre circualación si se va a pasar sólo un día en cualquiera de los lados y el pago con las dos monedas es aceptado sin problemas en las dos partes.

Tras sellar mi salida en Venezuela, pasar el puente que separa ambas naciones, recibir el sello de entrada en Colombia, pasar el día obligatorio según el Departamento Administrativo de Seguridad (D.A.S.) en la zona colombiana y pasar por el mismo trámite pero a la inversa el día siguiente, regreso a Caracas con la sensación de la utilización partidista de los líderes políticos en el caso de los asesinatos que llevó a cerrar la frontera y a la anulación de múltiples contratos.

"Aquello pasó por el exceso de celo de los militares en impedir el contrabando de gasolina, de lo que vive mucha gente", susurra Morales. Chávez culpó a un grupo de paramilitares colombianos.

"El asesinato de estos guardias tuvo como finalidad amedrentar a nuestra Guardia Nacional Bolivariana que día a día cumple su función combatiendo el delito, controlando la frontera, combatiendo el narcotráfico", declaró en su momento el ya ex-vicepresidente y ex-ministro de Defensa Ramón Carrizalez.

De vuelta al aeropuerto, las colas en las gasolineras obstruyen la vía, "a veces es complicado encontrar combustible por aquí, así que cuando lo haces, hay que aprovecharlo", me comenta Morales. Revelador.

2.09.2010

Chávez Superstar

Otro medio más ha caído en las manos del presidente venezolano. Mas que en las manos, en sus cuerdas vocales. Por si no había suficiente con los programas en la televisión y los artículos en prensa, Hugo Chávez inauguró el pasado lunes su propio espacio de radio.

"De repente con Chávez" es una forma más del presidente caribeño de acercarse a la población y hacerle la guerra a los "medios privados de la oligarquía" como no hace más que repetir. La guerra, no sabemos si la está ganando o no pero, en los anteriores seis meses ha conseguido retirar la licencia a más de 200 emisoras y casi medio centenar de televisiones que no entregaron a tiempo los documentos requeridos por el gobierno.

Entre las licencias de televisión se encontraba polémica retirada de Radio Caracas Televisión (RCTV), que se despidió en un primer momento de sus emisiones en el ámbito público y se fue al privado o de pago. Fue retirada también su licencia la semana pasada al "no emitir un 70 por ciento de programación venezolana, así como los mensajes del presidente".

Porque sí, acá en Venezuela todos los canales y emisoras de radio públicos y los que tienen una mayoría de capital venezolano, estén o no en este ámbito, tienen la obligación de "ceder" al presidente su espacio de emisión cuando desee hacer cualquier tipo de declaración que el estime que sea de interés.

Y Chávez aparece siempre que puede. No basta con su programa "Aló Presidente Teórico", que suele ser los jueves y el "Aló Presidente" ya clásico (va por los 351 programas con una media de duración de seis horas, según datos facilitados por la prensa) de los domingos. Ni con "Las Líneas de Chávez", sus reflexiones escritas, que se publican semanalmente en periódicos de ámbito regional por todo el país. Ahora, el mandatario, también en la radio: "Cuando ustedes oigan un golpe de arpa tramado, pudiera ser De Repente Chávez".

2.01.2010

Más madera

El presidente venezolano Hugo Chávez se ha tenido que rendir a la evidencia, cosa extraña en él, y acaba de crear un fondo de, nada más y nada menos, 1.000 millones de dólares para reducir el déficit eléctrico propiciado por la sequía que azota el país.

Por la sequía sí, ya que Venezuela crea, según datos facilitados por los medios, un 72 por ciento de su energía a través de plantas hidroeléctricas, con lo que las pocas precipitaciones registradas durante el periodo de las lluvias (mayo-octubre) ha propiciado un descenso alarmante en los embalses y por tanto, problemas con el suministro de energía.

Semanas atrás, el mandatario venezolano explicó en televisión que la falta de lluvias esta temporada era debida a los efectos climáticos que provoca "El Niño". Según el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias venezolano, este fenómeno, que se produce en el océano Pacífico, "trae consigo sequías e inundaciones de gran magnitud", y añade más adelante que "territorios del interior que habitualmente se caracterizan por su humedad, entran en un periodo de sequía; en tanto el desierto florece debido a las precipitaciones". Venezuela, parece, se está llevando la primera parte de todo esto.

Puede ser que la culpa de todo la tenga la naturaleza a la que tantos "favores" le hacemos. Sería la explicación más fácil y que menos crédito político le costaría al presidente venezolano. Pero no es así. Lo cierto es que el gobierno de Hugo Chávez apenas ha invertido un sólo bolívar en la construcción y mejora del mísero sistema eléctrico.

Un amigo, trabajador en una empresa estatal de suministro eléctrico, siempre saca el mismo problema en las tertulias: la pérdida desde que se produce la energía, hasta que llega a su lugar de destino. Diez, casi once años de revolución bolivariana no han sido suficientes para mejorar una de las peticiones básicas de la población.

A raíz de la perdida de capacidad productiva, el gobierno decidió realizar un crónograma el mes pasado para informar a las poblaciones de cuando se les sería racionada la electricidad. Una medida altamente impopular que obligó a Chávez a retirar dichos cortes en Caracas y que tuvo como resultado la dimisión del ministro de Energía Eléctrica, Ángel Rodriguez.

Sólo se retiró la medida en la capital. Pero para el resto del país no es nada nuevo la falta de energía a lo largo del día. El plan pretende ahorrar un 20 por ciento de energía e incluye medidas fiscales para para promover el ahorro en las urbanizaciones, organismos públicos y reducción de horarios en los centros comerciales.

En este último caso, es difícil contabilizar si cerrar por el plan de ahorro energético compensa las pérdidas económicas que provocan a las tiendas.

Paradójicamente, el quinto país exportador de petróleo del mundo, tiene un déficit grave en este campo. Expertos y oposición chavista argumentan que es "debido a la falta de inversión y a la mala gestión oficial".

El fondo aprobado por Chávez financiará de 59 proyectos de generación y distribución y 50 de operación y mantenimiento en el ala energética y "abre la posibilidad de aumentar en 5.000 megavatios la producción de 4.000 ya existentes para 2010", según recoge la prensa.

Sin embargo contrasta con los cálculos realizados por los expertos, que estiman que la inversión debería ser de 18.000 millones de dólares hasta el año 2014 debido al crecimiento de la demanda del país, que oscila entre un 6 y un 8 por ciento anual.

Veremos lo que ocurre en un país que, actualmente, es el que mayor consumo eléctrico per cápita tiene en la región suramericana duplicando, por ejemplo, a su vecina Colombia. De momento, lleva un par de días chispeando.

1.30.2010

LA FINAL

Así, con mayúsculas, se ha de escribir el enfrentamiento entre los Leones del Caracas y los Navegantes de Magallanes en la gran final de la Liga Venezolana de Beisbol. En los 53 años de edad que ya tiene el "juego de pelota" en el país caribeño, sólo en tres ocasiones, incluída ésta, se habían enfrentado los dos equipos con más seguidores y mejores jugadores de Venezuela. La victoría siempre favoreció a los "magallaneros".

Pero este año no fue así. En una final disputada al mejor de siete partidos, los capitalinos vencieron por 4-3 despúes de remontar una desventaja de 3-1 y con el factor cancha en contra. Casi nada.

El beisbol es un deporte con una "fanaticada" insuperable en este país. A pesar de que la competición dura tan solo cuatro meses y está compuesta por ocho equipos, la gente se desplaza en masa a disfrutar de las cerca de cuatro horas de promedia que suele durar cada juego.

Y no solo los espectadores. Muchos de los jugadores venezolanos que participan en las Grandes Ligas, como llaman al torneo estadounidense, piden permiso y vuelven a su país para reforzar las plantillas de los equipos. Pago de seguros de su propio bolsillo, viajes, amenazas de los equipos norteamericanos. Nada les frena a la hora de tomar el camino a casa. Menos si existe la posibilidad de jugar una final Caracas - Magallanes.

Pero es que acá la visión del deporte, y de éste en particular, es bastante distinta de lo que un europeo como yo se imaginaba. Franela, gorra, insultos clásicos, perros calientes y cerveza, mucha cerveza, con alcohol. Ahí está la diferencia. En Venezuela no está proihibido vender alcohol en los estadios. La razón es bien sencilla, empresas Polar, uno de los principales patrocinadores de la liga y de todos los deportes en este país, vende cerveza. Y no puedes morder la mano que te da de comer.

Yo no estoy en contra de esta prohibición, pero después de haber "sufrido" sus efectos en alguna que otra visita al Estadio Universitario de Caracas no comparto la idea de alcohol igual a violencia. Puede parecer algo incivilizado pero, poniendo a un lado el lanzamiento clásico de los vasos (deshechables de coca - cola) y las cotufas (palomitas) al final de cada encuentro, el comportamiento de la afición es de lo más saludable. En una de las ciudades con un índice de inseguridad y asesinatos, más altos del mundo.

Tod esto se ha podido observar durante estas series finales en las que se impusieron los caraquistas: el peor comportamiento no vino por parte de los espectadores, fue el de los jugadores que más de una vez se liaron a golpes por alguna decisión arbitral o gesto despectivo del rival. El público, nada.

El juego, el último, fue aburrido como lo suelen ser todos y encima, los visitantes se pasearon por el José Bernardo Pérez de la ciudad de Valencia para un resultado final de siete carreras a dos. Muchas para un partido, y más para una final.

Yo lo "disfruté" en una casa con un nutrido grupo de venezolanos que, a la hora, ya estaban echando pestes sobre lo aburrido que es este deporte. "Nosotros lo soportamos porque lo vemos desde que somos unos chamos (niños)", afirmó uno de ellos, ataviado con toda su equipación de los Leones. "Antes de venir a Venezuela, para mí, este era el deporte más aburrido del mundo", agregué yo.

Menos mal que, a falta solo de tres hombres para que se cerrase el turno de bateo, el juego, la serie y la temporada, la luz se fue del campo de los Navegantes. "¡Eso es Chávez que es magallanero!" gritó uno. Éste y los cortes de luz y agua, son tema para otra entrada.

1.26.2010

Resumen

Hace ya más de siete meses que llegué a la capital venezolana y ahora empieza la bueno. Tras seis meses trabajando en la corresponsalía de la Agencia Efe en el país comienza la dura tarea de encontrar un trabajo. No, no me contrataron en la delegación, pero la experiencia fue muy enriquecedora. Grandes profesionales y mejores personas que me enseñaron todo y más y, sobre todo, el intríngulis de un país tan diverso como es Venezuela.

Al llegar en el lejano mes de junio del año pasado, con todas las reservas y advertencias de mi madre, lo que más me sorprendió fue la facilidad que tenían los venezolanos para ofrecerme bolívares, la moneda del país, por dólares o euros ya en el mismo aeropuerto. "No cambies dinero allí ni hagas caso de nada de lo que te puedan decir" me avisó Paula, la que sería mi compañera durante esos seis meses de aprendizaje.

La subida desde el Aeropuerto Internacional de Miaquetía fue impresionante: decenas de carros americanos de los 70 nos pasaban a velocidades de vértigo por izquierda, derecha y el hombrillo (arcén) por una carretera que, de no saber que estaba en Venezuela, hubiese relacionado con alguna de Irak o Afganistán debido a la cantidad de agujeros que la salpicaban.

La entrada en Caracas no fue menos impactante. La ciudad tanto por su parte oeste, por donde se entra del aeropuerto, como la este, está desbordada por los barrios (como llaman acá a las favelas) y por un tráfico infernal. Los precios de la gasolina subvencionada por el gobierno chavista no facilita en nada la fluidez en las carreteras.

El resto coser y cantar. Los venezolanos son accesibles y amigables desde el primer momento. Como dice un gran amigo mío venezolano "lo importante es que vean que tú les das lo mismo que recibes. Así jamás te decepcionará un venezolano". Ninguno, de momento, lo ha hecho.

Han sido siete meses de descubrir las playas más bellas que jamás haya visto, del cuba libre más sabroso que mi gaznate se ha tragado, de Chávez, su revolución bolivariana, sus cortes de agua y luz y sus amenazas contra todos, de terrible calor, de devaluación del bolívar, de venezolanas bailando salsa, de viajes por suramérica visitando a grandes amigos y de una gran experiencia profesional en la delegación de la Agencia EFE.

No me quejo. De momento, me quedo.